Luis Santamaria Internet

Esta es una web PERSONAL y no refleja mi punto de vista profesional.

¿Cómo disminuir la publicidad subliminal en Panamá?

Alternativas para disminuir la publicidad subliminal en Panamá.
Por Luis Santamaría
Profesor: Hardeep Bhullar

Hoy día la mayor parte de la publicidad tiene algo de subliminal. Las grandes campañas de las transnacionales tienen un objetivo demasiado afilado como para ser demasiado honesto: Expandirse. La globalización impulsa a las macroempresas, y estas necesitan entrar a las naciones por la puerta grande, la puerta de los invitados, y no por la puerta de servicio por donde quienes sirven y proveen deberían entrar.

Por lo tanto no es de extrañarse encontrar a Coca Cola produciendo un comercial que implanta en la mente del consumidor pequeños mensajes subliminales por medio de imagenes relacionadas con el deseo de pertenecer de los mismos, o series de televisión como “Desperate Housewives†que explota el mismo tipo de música y narración que algunos de los clásicos de Disney que dieron forma a las mentes de quienes hoy son el principal blanco comercial de la televisión por cable. Ni que decir de la gran cantidad de formas de expresar éxito, tranquilidad y estabilidad económica, aumento del atractivo sexual y liderazgo que se prometen por medio de una botella de ron.

En Panamá, un país poderosamente influenciado por una de las sociedades más consumistas del continente, me refiero a la de Estados Unidos, el velo de la moral y el recato es fácilmente razgado por la publicidad subliminal, y, desde que entre nuestras costumbres no está el discutir o complicarnos la vida, incluso cuando detectamos que de alguna manera se está tratando a nuestro intelecto como si fuese el de un mosquito, no hacemos nada. Ya casi nuestra publicidad es una forma de propaganda local en la cual el público es capaz de soportar cualquier cosa, desde chicas en minifalda bailando al rededor de quien paga la botella de seco, hasta dos personas que se enamoran desde dentro de sus autos sin haberse visto nunca más allá de sus parabrisas ahumados. Somos un país de Andys Warhols de producción en masa que se miran a los ojos mientras piensan que “La Inspiración Es La Televisiónâ€, como si fuese su estrategia individual para “conquistar la cimaâ€.

De hecho disfrutamos de vivir en este limbo intelectual porque es seguro, caliente, comprensivo y práctico. Si triunfas, es porque te superaste. Si fracasas, ¡puedes volver a levantarte!. Si pecas, pide perdón y listo. Y de esta misma manera permitimos que de manera subliminal el sistema de comercio que drena de nosotros la sangre verde, rica en glóbulos “dolar†que le permite subsistir, estructure nuestra vida como si todos fuésemos iguales, como si el ser humano, a quién cuidadosamente se ha clasificado cual ganado en clases sociales y países de distintos “mundos†hubiese sido creado para repetir el mismo ciclo de vida una y otra vez; como si Adán y Eva fuesen un mito ridículo que se le cuenta a los niños, y Chares Darwing no más que un personaje de cómics muy famoso y elaborado. “Cumple tu sueño de tener casa propiaâ€. “Porque la vida es ahoraâ€, y olvídate del ahora que tengas mañana, ni que decir del ahora de quienes se enfrenten a estos retos luego de nuestro tiempo.

La publicidad subliminal ya no utiliza sólo el sexo para comunicarse. ¿Por qué conformarnos con un sólo área del cerebro del consumidor si podemos explotar hasta sus nervios?. La publicidad subliminal se encuentra ahora en los productos que satisfacen el ego, aquellos que suplen el deseo de lucir superior o al menos a la altura, los que nos aislan unos de otros generando la enfermiza y contraproducente fantasía de la “individualidadâ€, como si los grandes cambios sociales del ser humano no fuesen producidos de la misma forma en que se produce miel en una colmena.

Existe publicidad subliminal en las cajas de cereal, en las pancartas de los políticos, en los comerciales actuados de la televisión y en el noticiero de las 12 del día. La publicidad nos rodea prometiendonos mejores sensaciones, y cuando no las obtenemos simulamos haberlas recibido, para encajar en el perfil “aceptableâ€, que el sistema de comercio y expansión del que he hablado nos impone por medio de las “Reglas Socialesâ€.

Considero que la publicidad subliminal es algo que de lo que el ser humano disfruta, y no existe forma de disminuirla sin perder en este macabro juego de pasarse la pelota en el cual la propia pelota es el cerebro del ser humano. Una de las primeras cosas que aprendí cuando estuve a cargo del proceso de venta de un producto es que los consumidores en masa están indefenzos, y sólo una mente moral puede protegerlos, si es que esto es aplicable.

Por lo tanto creo que para reducir la publicidad subliminal en Panamá lo primero que debe hacerse es romper el dogma de la cultura light, y lograr que la masa reaccione ante los llamados a gritos de su propia consciencia de grupo. De lo contrario el único idioma que hablarán los consumidores panameños es el idioma de la compra indiscriminada de los productos y servicios que se les vendan con promesas, con alabanzas y con pequeñas e infames propinas de dignidad, a las cuales parecen haberse acostumbrado.

Me refiero a crear publicidad inocente, aquella con la cual vendíamos un vaso de limonada a nuestros amiguitos en la acera de frente a la casa de nuestros padres. Utilizar el arte gráfico que aprendimos cuando de niños le obsequiamos una tarjeta hecha a mano a nuestra madre el 8 de diciembre, y explotar fondos musicales que vengan más de nuestra voz inadecuada y disonante, que de las voces estereotípicas que nos venden las disqueras.

Se trata de volver a lo básico, al simple apretón de manos, a cerrar un contrato con un escupitajo y a darnos un abrazo para saber que el otro no porta armas, y suficiente con eso. Mostrar en nuestra publicidad lo que vendemos, y dejar que sus virtudes y defectos sean compatibles con las necesidades y tolerancias del consumidor.

Más allá de simplemente ser lo que somos, todo es publicidad subliminal, hipocresía y mentiras, el producto de un capitalismo que parece querer devorarnos, desdeñando nuestro potencial de intoxicación.

Y nosotros los buenos publicistas podemos ser una merienda muy intoxicante.

Comments are closed.