Archive for February, 2007
Una vueltita por Red Frog Beach
En bocas debe haber como 100 destinos y si te lanzas a la aventura de uno por dÃa puede que te quedes en alguno. Un ejemplo de este fenómeno es Red Frog Beach al norte de la isla de Bastimentos.
Todo empieza en la mañana después de nuestra llegada. Un sol radiante resalta los colores verdeazules del mar. La misteriosa brisa frÃa de bocas se mezcla con el ruido de los motores de cuatro tiempos, la última moda en las lanchas personales y taxis de Isla Colón, y con el dulce aroma del repelente para mosquitos y las velitas “Dos Tigres” (¡autogolazo!). Solo salir del Naylamp (el velero en el que estamos durmiendo propiedad de www.panamasailing.com).

El muelle de la marina de bocas está mucho más allá de lo que yo esperaba para un lugar tan alejado. Mucha tecnologÃa, y allà esperamos a que llegara nuestro taxi, en el cual nos movemos hacia el pueblo para enterarnos de los paquetes de viajes.
Una vez en la isla lo primero es encontrar que comer. Te aseguro que en Bocas del Toro hay donde comer, lo que si es cierto es que los precios son muy altos para todos los platos comunes y silvestres. Asà que es mejor estar preparado, llevar provisiones y no estar esperando que la gente te guie. Fallan en ese aspecto.

Allá fuimos a ver los costos de los viajes. El promedio para la visita a Red Frog está en 10 dólares ida y vuelta. Nosotros encontramos a un amable lanchero “César” quien nos dejo el viaje con exclusividad incluÃda, por solamente 8 dólares, lo cual es bastante buen precio.
Debo hacer la salvedad de que los costos de transporte son bastante justos. El combustible es caro y la travesÃa puede ser peligrosa si no te lleva un experto. Hay mucho coral, manglares, etc.
Por si acaso el número de césar es el 6444-0719. Llámalo cuando estés en Bocas o mejor no llamarlo porque el tipo anda en lo suyo paseando gente.

Lo mejor de Red Frog es que para llegar hasta la playa tienes que pasar por en medio de la Selva. El recorrido es totalmente educativo acerca de la conservación, flora y fauna. Además haces algo de ejercicio aunque solo son 5 minutos de caminata.

Y al final de la caminata selvática, en medio de aromas como el Bay Rum, naturales en las plantas locales, encuentras la Playa Red Frog.

La vista de Red Frog es impresionante. Sobre todo si no habias estado en una de estas playas caribeñas de arena blanca y aguas cristalinas. Pero lo llamativo no es el agua ni el cielo. En este remoto lugar hay unos 200 turistas extranjeros y solo una caseta en la que te venden cervezas por B/.1.75 entre otras chucherias.

Algunos dicen que es mejor asÃ, sin embargo a mi me parece que es querer que lo inevitable no suceda. DeberÃan haber regulaciones para este tipo de lugares, que aseguren un desarrollo uniforme y correcto de la zona. Asà cuando vengan los jetskis, posiblemente hayan leyes que eviten daños a los corales y otras formaciones naturales, y sobre todo CARCEL para el que tire basura en estos parajes.

Pasamos en la playa unas 3 horas y parece nada. Por mi parte, debo regresar a Panamá en algunas horas, asà que es posible que no vea este lugar en al menos un año. Asà que me despido con nostalgia y me dispongo junto a mis chicas a cruzar la selva nuevamente. No creas que la cruzas a lo loco o con lianas. Hay dos senderos que te llevan de un lado al otro de la isla en lo que yo creo que es su parte más angosta.
El viaje de vuelta es sumamente emocionante, nuestro lanchero César se ingenia para no dejar bajar el ánimo. En la lancha vemos el atardecer. El golpeteo del casco contra las olas puede ser extremo, divertido pero a Kati le ha producido un fuerte dolor de cabeza. Lorena y Solange tienen posiblemente algún entumecimiento facial porque no dejan de sonreir. Luisito y Yuri que también nos acompañan vienen muy romanticos discutiendo tal vez la compra de alguna vivienda por acá, y es que es inevitable tener al menos una o dos veces el deseo de mudarse a este paraÃso y ver el sol ponerse un millón de veces si es necesario, desde una pequeña casita con vista al mar.

Al final, nuestro amable lanchero se despide luego de terminar sus historias del mar. Relatos de cuando era niño, de como su padre le enseño a busear a 30 metros de profundidad sin tanque, lo que casi le cuesta la vida en más de una ocasión. El hombre se rÃe cuando le preguntamos si el mar esta bravo… y se detiene al borde de las lágrimas cuando recuerda a un primo que se perdió en el fondo del mar, cazando langostas para turistas como nosotros. Relatos de un Bocas del Toro que se rindió ante este nuevo coloso del turismo que parece haber estado allà por siempre, esperando y listo para recibirnos con el cálido abrazo del mar caribeño, y la dulce promesa de la cola de un delfÃn que reza “no te preocupes, mañana estaré aquà de nuevo”.

[Yo se que esto suena a Rocky Balboa, pero… Continuará]
No commentsBocas del toro ha superado mi imaginación
¿Cómo imaginarme que el lugar remoto al que yo querÃa llegar, que está solo a 1 hora en avión y 30 minutos en lancha desde mi residencia en la Ciudad de Panamá, iba a estar lleno de gente que viene de lugares a tres o cuatro veces esa distancia?.

El recorrido inicia en el aeropuerto Marcos A. Gelabert, en Albrook. Un avión de Aeroperlas te lleva en aproximadamente 1 hora hasta el aeropuerto de Isla Colón, en donde sin correderas ni máquinas sofisticadas, el personal del aeropuerto te entrega tus maletas. Lorena, Caty y Solange me acompañan, lo cual eleva mi estatus frente al nada modesto grupo de turistas panameños y extranjeros que se encuentran en el lugar.

Tomar un taxi no es dificil. Lo dificil fue cargar todas las maletas sin que al taxista le interese. Sin saberlo esta es el primer atisbo de la falta de entrenamiento que tienen mis hermanos bocatoreños en la atención a sus clientes. Lo curioso es que comprendà eso horas más tarde ya que en el momento, solo el sol y el cielo despejado me han distraÃdo del asunto. Ya en el taxi la cosa cambia y el joven nos lleva al restaurante The Reef, en donde nuestro guÃa, Capitán Daniel Ayora, de www.panamasailing.com nos está esperando.
Luce como una cabaña antigua… no tiene un gran letrero ni ventanas. A duras penas nos creemos que es un restaurante, y es que convenientemente todos los locales en la isla tienen sus frentes hacia el mar. Esto me ha hecho pensar en Isla Colón como “la Venecia panameña”. Al entrar, las islas Carenero, a mi izquierda, Bastimentos al fondo y Solarte a la derecha, de un color verde intenso, decorado por muchas pequeñas edificaciones de colores vibrantes que producen un contraste similar al sabor del seviche y la cerveza juntos, se apoderan de mi atención y espÃritu por completo. Uno de los pocos momentos en los que realmente dejo de pensar en nada relacionado con el trabajo. No querÃa tomar una foto, no querÃa mirar los detalles… ni siquiera querÃa comentar “que bonito”. Uno o dos minutos asimilando esta viva imagen, de lanchas, chicos saltando al agua transparente, gente riendo y hablando en voz alta, entre 3 y 8 idiomas distintos al mismo tiempo. Todo junto en mi mente. No recordaba el peso del equipaje, ni que las chicas habÃan tomado ya una mesa. Todo era el mar, las islas y la madera del piso en el que estaba. Impresionante.
¿Notaste como no importa en absoluto que pasados 20 minutos nadie haya venido a ofrecerte ni agua?. Aunque eso lo agradezco un poco, el agua de Bocas no es para nada confiable.

Al llegar la dependiente nos damos cuenta de que algo no anda del todo bien. Es decir, 30 minutos luego, sin un “buenas tardes” de mala gana, sin siquiera una sonrisa… nada. La chica de unos 25 años nos entrega la carta y da media vuelta, advirtiendo solamente que la comida del dÃa se ha terminado. En realidad frente a las sonrientes caras de mis compañeras, y mi inevitable e involuntaria alegrÃa solo me estoy preguntando ¿por qué no estoy molesto?. DeberÃa quejarme con el dueño pero ¿sabes qué? naaaa. ¡El Mar!.
[Continuará…]
No comments